sábado, 27 de junio de 2015

“Debo ser muy buena presa” 2013 - Eduardo Izquierdo


-Qué haces ahí to vestío de negro chiquillo?
-Busco un sitio para que me dejen cantar.
-¿Y piensas encontrarlo durmiendo en un portal?
-La vía está mu negra compare. Como el color de mi camisa.
-¿Tienes hambre chaval?
-Más que el perrunciego.
-Vente conmigo anda.
y José cogió sus cosas. apenas una bolsa de tela maltrecha
con una muda limpa y una navaja. Había salido hacía unas semanas
de Aznalcóllar , camino de Madrid, de la capital, como todos la llamaban.
Era el lugar de los sueños. Donde todo se movía, El centro del Universo.
Allí es donde uno tenia que estar si quería vivir del cante.

miércoles, 17 de junio de 2015

“Resiliente” 2014 - Hovik Keuchkerian




Casa de empeños del diablo

(fragmento)

Cómo decir esto sin darme asco, 
sin llamarme cobarde desde mi cobardía, 
sin ahorcar mi sangre a cada letra sudada, 
sin reírme de mis sueños de plañidera.

Cómo decir esto sin ser la vergüenza 
de llorar mis cansancios elegidos, 
de mis elecciones erróneas, mis aciertos no buscados, 
mis búsquedas huérfanas, mis tesoros olvidados.

Quiero morir... 
¿Me oye alguien? 
¡Quiero morir!

No resurgir, no resucitar, no ser alma por una vez...
Reencarnarme en un sueño infinito de lucessombras,
de huecos hondos, de charcos quietos, de sorderas de paz.

Nadatodo me consuela, nadatodo me destruye. 
En la nada me crezco en el todo me diluyo,
En la nadatodo me acurruco, me aislo, me crezco, 
me crezco, me desnuco. 

En una especie ya extinta de escorpión rosa, 
como la pantera, la flor y mi ojete,
que huye mis ideas, mis sentires, mis espíritus, 
con el aguijón de su boca desde mis abismos.

Cada día me vacío. Cada noche me recargo
y en mis cargas soy liviano, ligero, humo, soy aire. 
Estoy incómodamente cómodo en cualquier lugar
en cualquier lugar estoy cómodamente fuera de sitio. 

Mi sitio es la nada. Mi sitio lo es todo. 
No me fío de mí. No confío en mí. 
Mi confianza es mi lastre. Mi lastre, mi duda. 
Mi duda mi redención de mujer bendita.

Mi yo es mi cadena, mi sustento, 
mi bautismo, mi entierro, 
mi amuleto, mi descrédito, 
mi caminar, mi tropiezo, 
mi veneno, mi vacuna,
mi remedio, mi quebranto, 
mis cuernos, mi cornalón, 
mi droga dura, mi vino sin de pordiosero,
el bueno, el feo y el malo en el mismo esqueleto.
No valgo para quererme.
En mis odios me amo.

domingo, 17 de mayo de 2015

“El sueño sumergido - O solo sulagado” 1981 - Celso Emilio Ferreiro


EL MIEDO

Cuando el cuervo de la noche se posaba
en las últimas luces de la atardecida,
mis ojos de niño
se llenaban de relámpagos y de lágrimas.

El viento que rezongaba en los senderos
era un hombre grandón envuelto en niebla
con un saco al hombro para llevar niños.

Los árboles semejaban
fantasmas de caballos desbocados
galopando por los campos.

Un miedo que me llegaba
de las raíces del mundo
temblaba en mi sangre.

Pasaba el jornalero silbando
con dos luceros prendidos en la azada,
y yo tenía miedo.

Pasaba el cazador
con sus perros jadeantes,
que olían a tojos y carquesias,
y yo tenía miedo.

Pasaban de parranda los fuertes mozos
que habían vuelto de la guerra tan contentos,
y yo tenía miedo.

Al pasar a mi lado y mirarme a los ojos,
indignados y pasmos, me decían:
“No tengas miedo”,
pero yo tenía miedo.

Solamente cuando llegaba a mis oídos
la dulce voz de miel de mi vieja,
yo no tenía miedo.
Ahora no comprendo
como aquel ser diminuto,
aquella anciana-niña tan débil,
( en sus ojos azules
había luces de amaneceres nuevos)
podía ahuyentar aquel miedo tan grande.

O MEDO

Cando o corvo da noite se pousaba 
nas derradeitas luces do solpor,
os meus ollos de neno 
enchíanse de bágoas e de lóstregos.

O vento que fungaba nas vereas
era un home langrán envolto en brétema 
cun fol ó lombo pra levar meniños. 

Os albres semellaban 
pantasmas de cabalos desbocados 
agallopando os eidos.

Un medo que me viña das 
raíces do mundo 
tremíame no sangue.

Pasaba o xornaleiro asubiando
con dous luceiros prendidos na eixada, 
i eu tiña medo.

Pasaba o cazador 
con bafexantes cans
arrecendendo a toxos e carqueixas 
i eu tiña medo.

Pasaban de ruada os fortes mozos
que voltaran da guerra tan contentes, 
i eu tiña medo.

Ao pasar ó meu lado e verme os ollos,
alporizados, pasmos, decíanme:
“Non teñas medo”,
i eu tiña medo

Soio cando chegaba ós meus ouvidos 
a doce voz de mel da miña vella,
xa non tiña medo.

Agora non comprendo 
como aquil ser cativo,
aquela vella nena tan endébel,
(nos eus ollos azures
había luces de amenceres novos)
podía escorrentar tan grande medo.

jueves, 7 de mayo de 2015

“La canción de la bolsa para el mareo” 2015 - Nick Cave



El hombre que acaba de salir al escenario en el Sonny Center de Toronto no se da cuenta de que no es un hombre en absoluto.
Es el sueño de un niño que está de pie en una trepidante vía de tren.
El niño y el hombre se sueñan el uno al otro.
Cogidos de la mano, salen bajo los focos. Caminan hasta el borde del mundo. 
El sonido es ensordecedor. La tierra tiembla bajo sus pies. Miran hacia abajo, 
a las profundidades cósmicas 


viernes, 3 de abril de 2015

“El del medio de los Panero (Apariciones Apócrifas de Leopoldo Maria Panero)” 2015 - Gsús Bonilla


[Aparición XXVIII] 29/11/2014 ó Dicen que estoy vivo y me llamo de algún modo y vanamente escribo, sobre la sombra cruel de la pared. (Extracto)

—¿aló?... ¡holaaaaaaa!...; ¿hay alguien?...
—eh, sí... claro...
—¡ese bonilla!...; tío, estás marmota total... coño, que ya amaneció...
—hey leopoldo...; ostras, sí, sí que se ha hecho de día... pero tú... ¿tan tarde, por aquí?...
—por supuesto, cómo no, claro que sí... de guardia, 24 horas... after hours... seven & eleven, pa lo que sea menester, faltaría más...; oye bro... que digo yo, y en vista de que tú pasas de estas historias..., pero en el tema de mi aniversario... que tendremos que hacer algo conmigo, ¿no?...; tú ya sé, pero, para mí esto de pintar la mona siempre fue mu de mi agrado..., así que...
—¿el de tu muerte?...; leopoldo, no jodas... si todavía queda mucho para eso...
—anda, mírale... qué jodío...; me la suda bro..., que aunque tu seas un muermo, a mí no me vas a joder... ¡tú no sabes lo que me quiero yo, y el amor que siento por mí mismo!...; no, no, tú qué vas a saber... si eres la falta general de ciencia y cultura..., el desconocimiento y la inaptitud...; amos, la ignorancia con patas...
—joder macho, el constipado te ha dejado mal, ¿eh?...; pero, si no te va a faltar de nada... no te preocupes, leopolodo...; ya verás cuando se vaya acercando la fecha...; conmemoraciones y homenajes, los vas a tener a espuertas...; vamos, vas a estar más que cumplido... vaya que sí...
—¿en serio?; joder bonilla, me das un alegrón...
—si hombre, sí... o es que ya no te acuerdas de la parafernalia que acompaña a estas cosas...; vamos, y libros sobre ti, ni te cuento... además, acuérdate de todo el material inédito que tienes por ahí, desperdigado... lo vas flipar...
—¡coño, pues si que!...; ya pero, también me la suda mucho... amos, que me la pela...; porque fíjate tú a las alturas que estamos del año... y allí ando...
—¿dónde?...
—sí, sí... ahora, no te hagas el mortadelo...; allí están mis pavesas, en el hospital del tocapelotas ese de negrín... allí, en las palmas...; no sé qué pollas pinto allí todavía..., anda que tú también, anda que me hiciste el recao que te mandé...
—ostras, ¿sí?...; bueno, yo no fui, por lo que no fui... y lo sabes...
—bonilla, bro...; pero yo ahora lo que más quiero en la inopia... lo que más ilusión me haría de tó las cosas, ¿sabes?...; ¿sabes, lo que sería?...
—pues no leopoldo, no lo sé...; venga va, dispara...
—pues es que, el guguel ese, me hiciese un doodle de esos...; y que apareciese la noticia en tó el interné, y en los periódicos, y en las televisiones... y en las radios, sí, también en las radios...; una cita de esas, que diga, como por ejemplo... “una vez más, el buscador guguel brinda un homenaje a un escritor excelente, maximus entre los de su especie, el más importante, el mejor de tós”...
—¡coño, bro! ¿los dibujines esos del google?...; claro, eso estaría muy bien...
—bueno...; y si me dejas, ya que estamos, también me haría mucha ilusión tocártela...; tocarte la morcilla, digo...
—ya estamos...; ¡joder panero!... que no, ya te lo dije la otra noche...
(...)
doodle creado por Fernando Bolzoni


domingo, 22 de marzo de 2015

“La muerte del hombre orquesta” 2014 - Enrique Zamorano Rodríguez


PERMANECE ANGUSTIADO

Toda mi vida ha sido un fraude.

David Foster Wallace.

Toda vida es un proceso de demolición.

F. Scott Fitzgerald

Dormimos en hoteles de mala muerte porque
teníamos en nuestras manos libros de Bolaño,
fingimos desmayos en lugares públicos y en
conciertos porque se lo vimos hacer a alguien en la
televisión,

nos emborrachamos hasta acabar con nuestros
hígados porque era lo único que no aparecía en el
guión de la felicidad de los anuncios de Coca-Cola,
nos alimentamos de animales muertos y comida
basura porque pecábamos de hambre tras tardes
enteras fumando marihuana,

no creímos jamás en el verano porque era depresivo
y aburrido,
fumamos en los bares cigarro tras cigarro al
descubrir que la sala no tenía escape de humo,
escribimos largos poemas porque creíamos en la
resurrección en alguno de nosotros de Allen
Ginsberg,

condujimos de noche escuchando “Riders On The
Storm” solo para ver si a la mañana siguiente
seguíamos vivos,

nos encerramos en habitaciones de diez metros
cuadrados para ver cuánto tardaba cada uno de
nosotros en salir,

comenzamos a ver películas porno a la edad de 12
años, con lo que nuestra primera vez no fue tan tan
tan tan
subimos fotos a Instagram de nuestras aventuras
para que todo el mundo creyera que nos lo
estábamos pasando bien de verdad,

creímos en la revolución sin movernos de casa,
pintamos en las paredes grafitis WORKING
CLASS, allí, en los barrios donde nacimos
y luego nos acomodamos en sucios y caprichosos
chalés adosados en zonas residenciales,
fuimos a los hospitales al filo del amanecer
exigiendo la B12,

no teníamos ni tenemos concepto de la verdad y no
nos importaba ni importa,

creímos que todo se resumía en un acorde de Jimmy
Page,

conseguimos jamás llorar con las películas
románticas, dejar de besar a las chicas con saliva,
hacer el amor en sitios confortables,

nacimos para el excremento voluntariamente
y nos hicimos excremento,

salimos con chicas totalmente destrozadas porque
nosotros también estábamos totalmente destrozados,
lloramos de tristeza y emoción al leer poemas
coprofágicos de Leopoldo María Panero cuando
hablaba de su amada desde su exilio loquero,

viajamos a París cada vez que la cartera lo permitía
para morir aplastados por todos los spleen posibles
de Baudelaire,

arañamos los transportes públicos con cúter y
vomitábamos en su suelo,
nos hicimos vegetarianos porque creímos que estaba
de moda,

había mucha gente alrededor y
en realidad nadie,
y no nos importaba,
no,

y tal vez mañana este rostro que nos compone
no será más nuestro.

martes, 17 de marzo de 2015

“Adíos a las águilas, seis poemas de Leopoldo Maria Panero” edición de Enrique Zamorano


EL DÍA EN QUE SE ACABA LA CANCIÓN

Cuando el sentido, ese anciano que te hablaba
en horas de soledad, se muere
entonces
miras a la mujer amada como a un viejo,
y lloras.
Y queda
huérfano el poema, sin padre ni madre,
y lo odias,
aborreces al hijo colgando
como un aborto entre las piernas, balanceándose allí
como hilo que cuelga o telaraña,
cuando el sentido muere,
como un niño
castrado por un ciego,
al amparo de la noche feroz, de la noche:
como la voz de un niño perdido aullando en 
el viento
el día en que se acaba la canción, dejando
sólo un poco de tabaco en la mano,
y la ciudad ahora, las
ciudades convertidas en vastas plantaciones de tabaco,
y la mano
asombrada toca la boca sin labios
el día en que se acaba la canción, y se pierde
el hombre que a sí mismo le daba el nombre de alguien,
al dar la vuelta a una esquina, un atardecer sin música.
El día en que se acaba la canción el dolor mismo
es sólo un poco de tabaco en la mano,
y las palabras
son todas de antaño, y de otro país, y caen
de la boca sin dientes como un líquido
parecido a la bilis,
el día
en que se muere el sentido, ese
asesino que al crepúsculo hablaba y al
insomnio susurraba palabras y cosas,
el día
en que se acaba la canción miras
a la mujer amada como a un viejo, y
con la cabeza entre las piernas,
frente al mundo abortado, lloras.