viernes, 29 de agosto de 2025

POETAS SUICIDAS: SENSIBILIDAD O SUPERVIVENCIA - RICARDO FERNÁNDEZ MOYANO - 2009




 John Berry-man, ya más entrados en el siglo y partiendo de la idea de que «la poesía es un riesgo supremo y prolongado», se arrojó desde lo alto de un puente de Mineápolis, en el año 72, cuando había dejado escrito «Un corazón enloquecido», que terminaba con estos versos: «... No hay tiempo para la vergüenza /.../ el tiempo / se precipita como un loco descarado. Nada puede ser conocido». Sylvia Plath escribió: «... Mis horas se desposan con la sombra» y se dio fin en Londres el 11 de febrero del 63. Paul Celan se arrojó al Sena desde el puente Mirabeau en 1970. «Cuando la Taciturna llegue y decapite los tulipanes, / ¿Quién saldrá ganando? / ¿Quién saldrá perdiendo? / ¿Quién se asomará a la ventana? / ¿Quién pronunciará primero su nombre?».

Anne Sexton se suicidó el año 74 con el motor de su coche, después de escribir el poema titulado «El deseo de morir», que finaliza con esta crudeza sobre el cuerpo tendido en la sala de despiece de un tanatorio: «... No preví que punzarían mi cuerpo. / Ni tan siquiera la córnea y la orina estaban ya. / Los suicidas traicionan el cuerpo de antemano».




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