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jueves, 1 de julio de 2021

“El emperador en Santa Elena” 2020 - Javier De la Rosa


Aquel baile en los jardines, donde danzaban, los clarines y los

violines comenzaban con el vals del Emperador. Josefina y yo

abrimos la danza con paso corto pero firme, su mano descansaba

sobre la mía y yo la sostenía en la sombra de su cimbreo y sus

miradas furtivas a los jóvenes; dio un giro sobre sí y se centró en el

cambio con el joven sargento Michel D'Antón quien se sonrojó al

ver de cerca el rostro de la Emperatriz de Francia. Aceleré el paso de

la danza y di un traspiés tropezando con el cuerpo de Marie Signé,

la condesa de las Casas ,quien se distorsionó un pie y gritaba como

una condenada. La duquesa de Abrantes, se acercó indignada a

levantarla y me miró con cara de furia. Pensó que lo había hecho

adrede. Al día siguiente los comentarios en París fueron variopintos,

la lengua viperina de Laura Permond, trascendió y en los centros

de lectura y los periódicos se hacían eco de les folies de la Corte y

la mala pata de su Emperador.



martes, 2 de febrero de 2021

"Cronica negra de Valladolid" 2011 - Enrique Berzal de la Rosa



Imposible, increíble, inexplicable. Eran las presiones más repetidas por los vecinos de Laguna de Duero aquel 27 de octubre de 1893. El bueno de Feliciano Gómez, asesinado a sangre fría por su propia esposa.


Cómo era posible que un matrimonio tan bien avenido terminara de manera tan trágica? Porque entre Feliciano y Aquilina Tasis reinaba la paz social y conyugal más admirada. Ni una discusión, ni un enfrentamiento. Era un matrimonio modélico y con dos hijos, Paulino. de 17 años, y Anastasia, de 14. Vivían en una casa de aspecto pobre, detallaba EL NORTE DE CASTILLA, situada a un extremo del poblado La habitación de los cónyuges era contigua a la de los hijos.


Solamente una enfermedad degenerativa, contraída por la mujer tres años atrás, había quebrado un tanto la tranquilidad del matrimonio. Pero sin mayores consecuencias que las derivadas de una creciente dolencia que la obligaba a guardar reposo de manera prolongada. Reuma, artritis, dolor de huesos y epilepsia: la decadencia corporal de Aquilina, mujer de 38 años ocupada en vender los productos de su labranza en la capital vallisoletana, la obligó a abandonar el trabajo y la avejentó hasta límites insospechados. De hecho, al pobre Feliciano, leñador de profesión, hombre grande y corpulento, activo y emprendedor, no le quedó más remedio que

hacer horas extras para completar la economía doméstica.


Todo se torció aquel día en que el hijo mayor, Paulino, confesó sus deseos de hacerse con una pistola de dos cañones; Aquilina, lejos de disuadirle, le animó con entusiasmo. Todo se debía, aseveraba el periódico, a los deseos de la madre por hacerse con la pistola.


Conseguir una pistola incapaz de conseguirlo por sí misma, convenció a su hija para que se la acercara. Obediencia fatal: Aquilina, una vez conseguida el arma, la ocultó bajo la almohada y esperó. 27 de octubre de 1893, ocho y media de la mañana. Feliciano duerme mientras Aquilina se incorpora como puede. Lo mira con expresión atolondrada, inexpresiva. Saca el revólver, apunta a su cabeza y le descerraja dos de tiros a bocajarro.


«La herida causada por los proyectiles fue calificada de mortal de necesidad, en la región fronto-temporal y orbitaria del lado izquierdo, recorriendo la cápsula las membranas del cerebro y masa encefálica hasta el lóbulo superior occipital, en cuyo huevo se detuvo, produciendo a Feliciano a las pocas horas la muerte, que tuvo lugar en las mismas casa y cama del infeliz.


Las fuerzas de seguridad detuvieron inmediatamente a la mujer. EL NORTE DE CASTILLA echó toda la carne informativa al asador y el 11 de noviembre de 1894 publicó un reportaje conmovedor. Incluso envió a un reportero a la cárcel de la Audiencia para entrevistar a Aquilina. El testimonio es desgarrador.


«Aquilina Tasis es una mujer delgada, en la que los padecimientos físicos han hecho estragos de tal naturaleza, que si en otros tiempos pudo ser hermosa, ahora se la calificaría simplemente de una mujer vulgar.


En sus ojos negros y brillantes, que denuncian un temperamento ardiente, se entrevén las sombras y las insensateces de una inteligencia alucinada y lo mismo considerada en su aspecto físico que en el moral, más que una criminal parece una enferma».


Aseguraba el plumilla que la mujer comía mal y dormía peor, presa de pesadillas terribles, que presentaba un carácter pacífico y casi todo el día se lo pasaba descansando en un jergón de paja que hacía las veces de cama. Su afán era morir cuanto antes para reencontrar


Porque Aquilina no acertaba a comprender las razones que la habían llevado a matarle: «Si el crimen se cometió, débese más que nada a un no sé qué, que no pude contener y que me obligó a coger la pistola y a dispararla, sintiendo ansia y furia verdadera por matar).


«Su conducta, según nos declararon las vigilantes, no puede ser más correcta: pasa todo el día inclinada sobre el jergón, emplea algún rato en hacer media, y hay momentos, pocos, en que recordando a su familia, a sus pequeños: como ella les llama, salen involuntariamente las lágrimas a sus ojos», remachaba el periodista


El informe pericial le puso las cosas fáciles al defensor, señor Aguirre, que adujo el carácter de perturbada para librar a la mujer de esa pena capital por parricidio, con los agravantes de premeditación y alevosía, que proponía el fiscal Calleja: «La Aquilina Tasis es una epiléptica con síntomas manifiestos de locura». «No recuerdo nada absolutamente de aquel hecho y no tengo idea siquiera de lo que hice aquel día», declaró la acusada en la vista oral, celebrada el 12 de noviembre de 1894. Otros testigos ratificaron la ausencia de reyertas en el matrimonio, mientras el hijo mayor, Paulino, en un desesperado intento de defender a su madre, aseguraba que si bien ésta le había arrebatado la pistola, fue en el forcejeo cuando se le disparó involuntariamente, hiriendo de manera fatal a su padre. Su testimonio no logró otra cosa que conmover al público asistente.


En su veredicto, el jurado encontró a Aquilina Tasis culpable de homicidio pero «ejecutada la acción criminal en estado de locura». Confirmó por tanto la irresponsabilidad que predicaba el defensor y la sentenció a reclusión en un Manicomio y a pagar las costas del juicio. «El público, muy satisfecho del resultado, elogia al defensor y al tribunal popular», detallaba, con similar entusiasmo, el periodista de EL NORTE DE CASTILLA.

 

viernes, 11 de septiembre de 2020

"Relato de un naufrago" 1987 - Gabriel García Márquez




 Yo era un muerto


No recuerdo el amanecer del sexto día. Tengo una idea nebulosa de que durante toda la mañana estuve postrado en el fondo de la balsa, entre la vida y la muerte. En esos momentos pensaba en mi familia y la veía tal como me han contado ahora que estuvo durante los días de mi desaparición. No me tomo por sorpresa la noticia de que me habían hecho honras fúnebres. En aquella mi sexta mañana de soledad en el mar, pensé que todo eso estaba ocurriendo. Sabía que a mi familia le habían comunicado la noticia de mi desaparición. Como los aviones no habían vuelto sabía que habían desistido de la búsqueda y que me habían declarado muerto.

lunes, 1 de junio de 2020

“TERRAZA EN ROMA” 2008 - PACAL QUIGNARD



Sobre los paisajes: «A decir verdad, siendo sincero, 
y porque no quiero mentir, 
nada de lo que ha sido hecho por la mano del hombre me gusta tanto 
como los bruscos paisajes de Dios. Ni siquiera un lienzo pintado en 
Roma por Claude el Lorenés. Ni un grabado a buril de Morin. 
Ni el puerto de Brujas. Ni el castillo de Tiberio en el golfo de Salerno. 
Prefiero el océano Atlántico a la Casa de Oro o al tesoro del 
emperador Alejandro. 
El Coliceo, al pie del monte Oppio, no es tan bello como una tormenta».

viernes, 3 de abril de 2020

"Otras Vidas en ocho días de otoño" 2019 - Aurori Bolzoni Capilla "Goizalde"


El prologo dice: "Ninguna princesa sin su memoria, ninguna mujer sin su ángel que la proteja."
Este hermoso libro cuenta las historias de las vidas de unas mujeres valientes, ancladas en la memoria  y ahora después de leerlo en la memoria colectiva de sus lector, Aurori Bolzoni recrea con hermosa palabras esas vidas que merecen ser recordar, que merecen ser leídas de la valentía femenina de vivir a pesar de las inclemencias del tiempo y de los tiempos. El final libro se corona con unos poemas dedicados a su vida, su pueblo y sus nietos que según dice Aurori "Que el Sol te mira envidioso queriendo jugar contigo".



Noches vacías de tristeza.
 Amaneceres grises.
 Con ilusiones perdidas.
 Angostas turbulencias.
 Risueñas son sus tiernas manos.
 Invitando a soñar con tus caricias.
 Cuando llegas a mi lado.
 Inolvidables días que sellaron nuestra piel.
 Anclados en el tiempo de esperanza.




lunes, 29 de julio de 2019

"QUALITY CONTROL G00497T" 2018 - Jorge M. Molinero


el viaje es meter a presión en el bolso de mano
el libro de afm, dos bolígrafos por si falla uno 
aunque eso aleje tanto ideas como musas: más 
propicias cuando los medios precarios fuerzan 
 a la memoria. 
el viaje es todo esto, nunca la estancia en el 
destino: eso es simplemente un trámite acuoso
con la consistencia de un meacamas, un parentesis, 
una desviación en la linea espacio-temporal de la rutina. 
el viaje es la ilusión que se superpone a si mismo como 
viaje (en la acepción más conocida). ése es el viaje para
la falsa clase media.

martes, 19 de febrero de 2019

"Europa, una letanía" 2018 - Blixa Bargeld




Subirse a un tren para no volver a casa en dos meses. Dos meses de tiempo en bruto, de gira, de repetir las mismas canciones y transitar por una misma ciudad llamada Europa. Recorre estas páginas una letanía ininterrumpida que hay que leer casi sin respirar, donde se mezclan voces en lenguas desconocidas, sueños y viejos amigos, a caballo entre Lisboa y San Petersburgo, entre Oslo y Málaga.

Las ciudades son recuerdos que aparecen de improviso y nuevas construcciones erigidas por los mismos imbéciles que abarrotaban los restaurantes con estrellas antes de la crisis, y que amargan un menú degustación. No hay apenas tiempo para visitar museos y nadie con quien comentar los libros, y se repiten las televisiones ininteligibles y las carreteras que avanzan como si llevaran a algún lado.

«¿Comprar zapatos o ir a Pompeya? ¿Cuántas veces hemos tocado aquí? ¿Esos tipos creerán con razón que soy el extranjero de negro, la muerte en persona?» Y, en el escenario, contra los focos, ver sólo la más oscura nada y sentir que la nada aplaude.

Durante la gira de Einstürzende Neubauten de 2008, Blixa Bargeld, escéptico pero enternecido, escribió esta auténtica letanía bufa, retratando sin saberlo a una Europa tan eufórica como aburrida de sí misma que estaba ya entonces a punto de explotar y desaparecer.

viernes, 15 de junio de 2018

"Los ojos del hermano eterno" 2003 - Stefan Zweig


Desde lo alto de la escalinata de color rosa, a la sombra del palacio, Virata administraba ahora la justicia en nombre del rey, desde la salida hasta la puesta del sol. Su palabra era, sin embargo, como una balanza que tiembla antes de medir el peso: su mirada penetraba hasta lo más profundo del alma del culpable y sus preguntas, tenaces, llegaban hasta el fondo de los delitos, como el tejón en la oscuridad de la tierra. Era severo su veredicto, pero nunca lo dictaba el mismo día, sino que, entre el interrogatorio y la sentencia, siempre dejaba el frio lapso de la noche: los suyos a menudo lo oían caminar por la azotea de la casa, sin descanso, durante las largas horas anteriores al alba, sumido en meditaciones sobre la justicia y la injusticia. Y antes de pronunciar sentencia, su emergía en el agua la frente y las manos para purifica su veredicto del fuego de la pasión. Y cada vez que pronunciaba uno, preguntaba luego al malhechor si su decisión le parecía errónea; pocas veces ocurre que se la rebatiesen; en silencio, besaban la base de su silla y, cabizbajos, aceptaban la condena como si fuese dictada por boca de dios.

viernes, 14 de julio de 2017

“Retazos mineros” Aurori Bolzoni 2012


Un excelente libro de relatos y poemas lleno de cariño por las historias de su pueblo Gallarta. La autora Aurori Bolzoni a querido poner toda su pasión en ese maravilloso don de la escritura y sin ninguna duda lo ha conseguido.

Miedo a...

hablar demasiado...
a, no hablar
a, perder las fuerzas
a, ser demasiado dura
demasiado simpática
a, no ceder
a, decir la verdad
a, encubrir la mentira
a, tener derecho
no tener
a, vivir
a, no querer vivir.

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...Desde aquí, donde hoy me encuentro como cada fin de semana, en la vieja casa de mis ancestros y asomada a la pequeña cristalera del mirador, todavía puedo ver algunos comercios que se han mantenido en pie, como el bar de “La Chascarita” que sigue siendo el mismo, con su puerta de hierro forjado y el mostrador de madera, donde su dueña, a pesar de su edad -cerca de cien años-, sirve vinos con soltura.
La mujer que para saber si entra alguien en la taberna tiene una campanilla estratégicamente colocada encima de la puerta, grita desde la cocina, con voz tajante y ronca: -¡Ya voy, ya voy! ¿A que tanta prisa? “La Chascarita” es de cara ancha y nariz pequeña, ojos grandes almendrados y labios rojos pintados sin guardar linea. Representa la alegría de los montañeros que en invierno se reúnen al calor de la lumbre para comer las avellanas que casca con un mazo -de ahí el mote de “Chascarita”-. Sobre la mesa de mármol rojizo tiene por costumbre poner la jarra de barro con vino tinto de la tierra, de la cual la primera es gratis. ...

martes, 4 de octubre de 2016

“El perseguidor” 1993 - Julio Cortázar






OO Con Tica hemos hablado de la noche de Baltimore, cuando Johnny tuvo la primera gran crisis violenta. Mientras hablábamos he mirado a Tica en los ojos, porque quería estar seguro de que me comprende, y que no cederá esta vez. Si Johnny llega a beber demasiado coñac o a fumar una nada de droga, el concierto va a ser un fracaso y todo se vendrá al suelo. París no es un casino de provincia y todo el mundo tiene puestos los ojos en Johnny. Y mientras lo pienso no puedo impedirme un mal gusto en la boca, una cólera que no va contra Johnny ni contra las cosas que le ocurren; más bien contra mí y la gente que lo rodea, la marquesa y Marcel, por ejemplo. En el fondo somos una banda de egoístas, so pretexto de cuidar a Johnny lo que hacemos es salvar nuestra idea de él, prepararnos a los nuevos placeres que va a darnos Johnny, sacarle brillo a la estatua que hemos erigido entre todos y defenderla cueste lo que cueste. El fracaso de Johnny sería malo para mi libro (de un momento a otro saldrá la traducción al inglés y al italiano), y probablemente de cosas así está hecha una parte de mi cuidado por Johnny. Art y Marcel lo necesitan para ganarse el pan, y la marquesa, vaya a saber qué ve la marquesa en Johnny aparte de su talento. Todo esto no tiene nada que hacer con el otro Johnny, y de repente me he dado cuenta de que quizá Johnny quería decirme eso cuando se arrancó la frazada y se mostró desnudo como un gusano, Johnny sin saxo, Johnny sin dinero y sin ropa, Johnny obsesionado por algo que su pobre inteligencia no alcanza a entender pero que flota lentamente en su música, acaricia su piel, lo prepara quizá para un salto imprevisible que nosotros no comprenderemos nunca. 

jueves, 14 de julio de 2016

“Historias de Locos” Miguel Sawa


EL GATO DE BAUDELAIRE

¿USTED sabe que Baudelaire tenía un gato? ¡Oh! un gato hermosísimo, de pelo negro, suave y brillante como la seda, las orejas graciosamente plegadas, los ojos redondos, de un verde claro, que a veces se encendían como dos ascuas, terribles, amenazadoras El gato de Baudelaire era de muy ilustre progenie. Yo he averiguado todos sus antecedentes de familia. Era nieto de Azucena, la gata blanca de Lamartine, e hijo de César, el felino amado por Víctor Hugo.

Sátiro— que así se llamaba el gato de Baudelaire,— no tuvo descendencia. El poeta le condenó a eterna castidad, mutilándole con sus propias manos apenas nacido.

Y Sátiro— ¡qué ironía la de su nombre!— incapacitado para el amor, sin ideal alguno en la vida, se hizo filósofo, y pensó, con Kant, que no hay nada superior en la tierra al soberano yo.

Todos los gatos son egoístas, ya lo sabe usted, pero ninguno tanto como Sátiro. Tendido sobre la mesa del poeta, los ojos soñolientos, se hacía adorar como un animal sagrado. De vez en cuando distendía sus miembros en un desperezo voluptuoso y sacaba sus uñas encorvadas, que se alargaban feroces, buscando algo que destrozar.

Yo odio a los gatos casi tanto como a los hombres. Es una monomanía como otra cualquiera. Todos tenemos alguna.

Voy a explicarle el porqué de mi odio hacia esas pequeñas fierecillas del hogar.

Yo tuve un amor en la vida que se llamaba Esmeralda. Y aquella mujer — ¡oh, no crea usted que le engaño!_— tenía, tanto en lo físico como en lo moral, algo de felino.— Por algo la llamaba yo «mi gata».

Si la hubiera usted visto en las siestas del verano, desnuda, sobre una piel de tigre— nunca conoció el pudor,— desperezarse voluptuosa, como el gato negro de Baudelaire, alargando sus manos, ¡dos preciosas garras, en busca de la presa que destrozar!...

Y yo, ¡insensato! la entregué mi corazón para que, jugando, jugando, llegase a clavar en él sus uñas y lo despedazase poco a poco, con sabia ferocidad.

Esmeralda, idólatra de su persona, enamorada de sí misma, no amó a nadie en la vida. También creía en el yo de Kant; también, al venir al mundo debieron de mutilarla.

¡Pero era tan hermosa!... blanca, los ojos verdes, de un verde claro, del color del ajenjo, misteriosos y soñadores; el cuerpo.... ¡Poderoso Dios, qué tentación de cuerpo! ¡Una obra perfecta de la naturaleza!

No había hombre que al verla no se enamorase de ella. Y Esmeralda coqueteaba con todos: se hacía adorar de todos... Me hizo sufrir mucho; ya lo comprenderá usted. Yo era un hombre digno. Debí matarla. Pero por aquel entonces, no tenía yo el

valor del asesinato.

«Mi gata» huyó un día con el clown Calígula. Y ya no volví a verla más. Alguien me contó que el clown, harto de sus liviandades la mató a puñaladas, ¡veintitrés puñaladas!

Aquel bárbaro, furioso y desesperado, se ensañó con la pobre Esmeralda, destrozando su hermoso cuerpo a golpes de su hierro justiciero.

Yo me he vengado también, a mi manera, de la traición de aquella mujer. ¡Oh, cuánta sangre he derramado desde que me abandonó! Yo no he usado el puñal como Calígula. Me he valido de las manos. La extrangulación; le recomiendo a usted este procedimiento para cuando quiera deshacerse de alguien. Es el mejor de todos. Vea usted estos dedos. Son de hierro. ¡Al que yo coja entre ellos!...

Me horroriza pensar en mis víctimas. Yo puedo decir, como el personaje de la tragedia: «Mis crímenes son tantos como las arenas del mar».

Comencé mi obra de venganza en el gato de Esmeralda. ¡Qué animal más precioso! Era blanco como la espuma, de ojos oblicuos, azules como el cielo. ¡Cuánto le quería Esmeralda! Y por eso, precisamente, le maté. ¡Oh, qué gozo al apretarle el cuello! El pobre animal me miraba con ojos suplicantes, demandándome piedad. Pero yo fui implacable. Y le ahogué entre mis manos con furia salvaje.

Después... después.... Ya le he dicho a usted que mis crímenes han sido tantos como las arenas del mar.

Realizado mi primer acto de venganza, sentí la bestial necesidad de la sangre. Hubo noche en que cometí hasta doce asesinatos. Mis dedos, convertidos en garras, se hacían cada vez más aptos, más «inteligentes» para matar. ¿Por qué mi odio terrible contra los gatos? se preguntará usted.

La respuesta es muy sencilla. Por que Esmeralda— ¡oh, estoy bien seguro de ello!— era una gata con apariencias de mujer, y yo me propuse a bien de la humanidad, acabar con todos los animales de su especie.

No vaya usted a figurarse, sin embargo, que mí odio a los gatos era general. No; los humildes, los miserables, los vagabundos, me inspiraban verdadera lástima. Mi «especialidad»— vaya usted a saber por qué —han sido los gatos amados por los hombres célebres. Por eso me fui a Paris a matar el gato de Baudelaire.

¡Qué espantosa aventura aquella!¡Mi última aventura! Aún me estremezco al recordarla. Era de noche. Yo había entrado en la habitación del poeta como un ladrón, descerrajando la puerta. Sátiro, como de costumbre, yacía tendido sobre la mesa en que se escribieran las Flores del mal. Sus ojos relucían en la oscuridad como dos ascuas. Me acerqué a él cautelosamente, y ya iba a echarle las manos al cuello, cuando el animal se puso bruscamente en pie, mirándome airado con sus ojos sangrientos. Yo no puedo decirle a usted lo que pasó después. Sátiro se arrojó furioso sobre mí, clavándome sus uñas, poderosas como las de un tigre, sobre la cara.

Di un grito de dolor. Y dejé de ver. Sátiro, me había arrancado los ojos con sus garras de fiera.

Y por eso estoy ciego. Soy un pobre inválido del crimen. ¡Pero bien me he vengado de Esmeralda! Ya apenas si hay por el mundo ningún animal de su especie. ¡Yo he acabado con todos!

lunes, 11 de julio de 2016

“La condesa sangrienta” 2014 - Alejandra Pizarnik


LA FUERZA DE UN NOMBRE

El nombre Báthory en fuerza Erzébet creía como en la de extraordinario talismán, fue ilustre desde los comienzos de Hungría. No es casual que el escudo familiar ostentara dientes del lobo, pues los Báthory eran crueles, temerarios y lujuriosos. Los numerosos casamientos entre parientes cercanos , tal vez, en la aparición de enfermedades e inclinaciones hereditarias: epilepsia, gota, lujuria. Es probable que Erzébet fuera epiléptica ya que le sobrevenían crisis de posesión tan previstas como sus terribles dolores de ojos y jaquecas (que conjugaba posándose una paloma herida pero viva sobre la frente).

lunes, 16 de noviembre de 2015

"El claustro rojo” 2014 - Juan Vico


Él era alto, muy delgado, de hombros estrechos, piel morena, una oscura mata de pelo desordenado sobre la frente imponente y expresiva, manos huesudas, dedos finos. Ella tenia una mirada amable y al mismo tiempo inquieta, la cabellera rojiza, una voz cálida que parecía manar sin esfuerzo de su cuerpo estremecedor...

viernes, 3 de abril de 2015

“El del medio de los Panero (Apariciones Apócrifas de Leopoldo Maria Panero)” 2015 - Gsús Bonilla


[Aparición XXVIII] 29/11/2014 ó Dicen que estoy vivo y me llamo de algún modo y vanamente escribo, sobre la sombra cruel de la pared. (Extracto)

—¿aló?... ¡holaaaaaaa!...; ¿hay alguien?...
—eh, sí... claro...
—¡ese bonilla!...; tío, estás marmota total... coño, que ya amaneció...
—hey leopoldo...; ostras, sí, sí que se ha hecho de día... pero tú... ¿tan tarde, por aquí?...
—por supuesto, cómo no, claro que sí... de guardia, 24 horas... after hours... seven & eleven, pa lo que sea menester, faltaría más...; oye bro... que digo yo, y en vista de que tú pasas de estas historias..., pero en el tema de mi aniversario... que tendremos que hacer algo conmigo, ¿no?...; tú ya sé, pero, para mí esto de pintar la mona siempre fue mu de mi agrado..., así que...
—¿el de tu muerte?...; leopoldo, no jodas... si todavía queda mucho para eso...
—anda, mírale... qué jodío...; me la suda bro..., que aunque tu seas un muermo, a mí no me vas a joder... ¡tú no sabes lo que me quiero yo, y el amor que siento por mí mismo!...; no, no, tú qué vas a saber... si eres la falta general de ciencia y cultura..., el desconocimiento y la inaptitud...; amos, la ignorancia con patas...
—joder macho, el constipado te ha dejado mal, ¿eh?...; pero, si no te va a faltar de nada... no te preocupes, leopolodo...; ya verás cuando se vaya acercando la fecha...; conmemoraciones y homenajes, los vas a tener a espuertas...; vamos, vas a estar más que cumplido... vaya que sí...
—¿en serio?; joder bonilla, me das un alegrón...
—si hombre, sí... o es que ya no te acuerdas de la parafernalia que acompaña a estas cosas...; vamos, y libros sobre ti, ni te cuento... además, acuérdate de todo el material inédito que tienes por ahí, desperdigado... lo vas flipar...
—¡coño, pues si que!...; ya pero, también me la suda mucho... amos, que me la pela...; porque fíjate tú a las alturas que estamos del año... y allí ando...
—¿dónde?...
—sí, sí... ahora, no te hagas el mortadelo...; allí están mis pavesas, en el hospital del tocapelotas ese de negrín... allí, en las palmas...; no sé qué pollas pinto allí todavía..., anda que tú también, anda que me hiciste el recao que te mandé...
—ostras, ¿sí?...; bueno, yo no fui, por lo que no fui... y lo sabes...
—bonilla, bro...; pero yo ahora lo que más quiero en la inopia... lo que más ilusión me haría de tó las cosas, ¿sabes?...; ¿sabes, lo que sería?...
—pues no leopoldo, no lo sé...; venga va, dispara...
—pues es que, el guguel ese, me hiciese un doodle de esos...; y que apareciese la noticia en tó el interné, y en los periódicos, y en las televisiones... y en las radios, sí, también en las radios...; una cita de esas, que diga, como por ejemplo... “una vez más, el buscador guguel brinda un homenaje a un escritor excelente, maximus entre los de su especie, el más importante, el mejor de tós”...
—¡coño, bro! ¿los dibujines esos del google?...; claro, eso estaría muy bien...
—bueno...; y si me dejas, ya que estamos, también me haría mucha ilusión tocártela...; tocarte la morcilla, digo...
—ya estamos...; ¡joder panero!... que no, ya te lo dije la otra noche...
(...)
doodle creado por Fernando Bolzoni


miércoles, 17 de septiembre de 2014

“Cortometrajes” 2006 - Ángel Guache & César Fernández Arias


No se como solucionar este problema. ya he probado todos
 los métodos imaginables.
Tengo el cuerpo magullado, lleno de moretones, 
de chichones, varios huesos rotos.
Cuando me duermo, mi cuerpo deja de cumplir la ley de la gravedad
y asciende hasta quedar pegado al techo, cerca de la lampara.
Pero en el momento en que me despierto vuelve a obedecer la ley gravitatoria
y caigo con  todo mi peso averiándome morro, costillas 
y cualquier parte de mi aerodinámica anatomía, organizando un estrépito 
del que ya están hartos los vecinos. 
He probado atándome a la cama; incomprensiblemente ascendemos juntos. 
Me he abrazado a mi amantísima Luisa y juntos nos elevamos 
a la primera cabezada.
He puesto piedras encima de mi panza, echado un ancla de buche 
sombre el parquet: no hay forma de evitar la ascensión.
No me atrevo a dormir al aire libre. Se que me despertaria en el espacio sideral
y que podría ser a traído por otro planeta.
En cualquier caso la caída, el golpetazo, sería, impepinablemente, de antología.
A veces pienso que me gustaría ser de goma.





jueves, 29 de mayo de 2014

“Sueños de la Razón” 1978 Varios Autores


de Leopoldo María Panero

NU(N)CA

Vi cuatro mujeres luchando por los senos de un muerto,
vi cuatro mujeres luchando solas, más tarde,
por la posesión del soplo
y disputando con sus uñas feroces por el Abel Garmín que
abandonaba feliz aquellos huesos.

Hay cuatro mujeres que robaron mi fetidez sensible
y mi podredumbre en el cadáver que aún respiraba
lentamente dejando
salir de allí mi alma con su pedo.

Y esos cuatro seres aguardan ahora el resto
sanguinolento de mi espíritu
y habito para siempre en la carnicería de sus bocas
y día a día bajo del nido de sus nalgas
para saber entero en lo insensible del tiempo
cuál era el sentido que no aprendí del cielo
como cae debajo la palabra nunca.

martes, 22 de abril de 2014

“El criollo estaba con una india” 1969 - Luis J. Sánchez-Cuñal


Tres horas navegando en silencio, interrumpido únicamente 
por el estruendo del motor 
y los disparos del Capitán, que se empeñaba en hacer blanco 
sobre los caimanes, fallando siempre. Luego, sacando la pistola, 
se fue hacia la proa y trató de matar alguna garza, 
con los mismos resultados negativos. Esto le daba cierto gusto al Mestizo, 
que no veja objeto en matar un animal si no se iba a provechar en algo. 
Además, se daba cuenta de que el Capitán tiraba muy mal, 
y pensaba que esto le daría una oportunidad más de salvación de don Gilbero. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

“La Veleta Nocturna” 2010 - Fernando Cartón Sancho


El hombre de pelo blanco se llamaba Dimitri. Me hizo pasar a un cuarto privado, una especie de despacho sin ventanas, allí me siento frente a la mesa. Él se acomodó del otro lado. Colocó el libro encima, sobre un montón de papeles que me parecieron facturas y volvió a abrirlo por la misma página .
-¡Que guapa era esa mujer! -dijo refiriéndose a Eva Braun.
Yo estaba completamente de acuerdo con aquella opinión, pero me limité a asentir con la cabeza.
-Hitler se lo regalo por un 29 cumpleaños, en 1941...
-¿El Picasso? - quise aclarar yo.
-Si, los Fuegos en el Sena.
Eso era algo de lo que yo no tenía ni la más mínima sospecha, por eso Dimitri capto enseguida mi desconcierto.
-Pero la historia del cuadro arranca tiempo atrás -, continuó animado por el asombro que vio reflejado en mi cara-. Unos años antes, a comienzos de 1939, el partido comunista francés se lo encargo a Pablo Ruiz Picasso para regalárselo al camarada Stalin en prueba de amistad y hermandad entre las clases trabajadoras de ambas naciones, en fin, por esas pamplinas que estaban tan de moda en la época.  Pero en septiembre de ese mismo año, cuando ya estaba listo para ser enviado a Moscú en un avión, del gobierno francés proscribió  al Partido Comunista Y se incauto todos sus bien. El regalo de Stalin quedó embalado varias semanas en un hangar, a las afueras de París, sin que nadie le hiciera el menor caso, hasta que llegaron los alemanes. Ellos fueron los que se lo llevaron a Alemania.  Lo descubrió un coronel que se llamaba... -aquí se detuvo y me miro de frente.
-¡Caramba! -exclamo- me ha olvidado de cómo se llamaba...
-No importa. Continúe, por favor.
-Es cierto, no tiene importancia...

domingo, 15 de septiembre de 2013

"11 Cuadernos De Bitácora de La Ciudad Invisible" 2012 - Fernando Del Val


LOS puentes tienen ojos para ver mejor el curso del agua.
No es lo mismo ahorcarse con el nudo de la corbata
camino del trabajo, o cortarse las muñecas vestidas de
azul, que arrojarse a las profundidades.
Paul Celan rompió el molde de los listones tirándose al
Sena desde el puente Mirabeau, aquél al que Apollinaire
dedicara un poema. Desapareció oculto en el verso mas
postrero: el de la muerte. Como un mago de la literatura.
Yo, que soy mucho menos intrépido que Celan y me
cuesta cortar por lo sano, recurro al río Leteo. Sus aguas
curan los males, del tipo que sean, provocando una 
pérdida súbita de la memoria. Eso sí, hay que tener cuidado
con la automedicación y tomarla muy a pocos. Si a uno
se le va la mano, podría írsele también la cabeza para
siempre. Y acabar como decapitado. Un Luis Dieciséis.
El agua purifica porque su curso se renueva 
constantemente igual que la mar obediente de Parménides.

¡Que venga un diluvio y nos lleve! Que corte el 
espacio y dilate el tiempo. Como Celan.
Me gusta cuando el mar se mira en el espejo del cielo.
Me gusta cuando llueve toda la noche y, a la mañana
siguiente, quedan añicos de agua repartidos por cubierta.
El agua todo lo puede. Nos contiene. Un ochenta por
ciento de la Tierra es agua. ¡Podría pasarme el resto de
la vida navegando ciudades invisibles! Por haber, hay
ríos hasta en el inframundo, entre paraísos, purgatorios
y fogosos infiernos, que ya es rizar el rizo. En el Hades
hay cuencas mineral. Pero siempre menos profundas que
las de las miradas que merecen la pena.
En cambio, si salimos a superficie es todo distinto:
casi la mitad del planeta sufre escasez de la misma agua.
Pensarlo me corrompe, me echa a perder: la realidad es
una enorme contrautopía.
Cuando veo al mar palidecer se me ocurren conjeturas:
 ¿le faltará hierro?, ¿sal?... ¿estará deshidratado? ¿Y si
el agua perdiera su hache y se quedara en dos-o a secas,
en una falta de ortografía cambioclimática bestial?
Ahora, viendo a lo lejos lo que veo, me preocupa si
algún día las palmeras escogerán otro habitat y emigrarán
 de las islas, esos grandes contenedores de utopías que,
 al paso que vamos, acabarán colgando en el periódico
 anuncios del tipo: "Se busca náufrago"

viernes, 21 de junio de 2013

"Prologo de la bibliografia Vallisoletana" 1980 - Domingo Rodriguez Martín



Y asi entre libros, algún clarete en tabernas fraternas y cigarrillo 
tras cigarrillo, con días de remar y chapucarse en el Pisuerga,
va entroncarrdo con sus náufragos colindantes que dijera el Alejo,
con lectores que le son todo amistad.
Lo de Librería Relieve vino después. Convence a mi padre de la
necesidad de un techo cubierto y cogen el traspaso de una pequeña
papelería que hay en Cánovas del Castillo, 3. Debió de ser sobre el 50.
Alli se va a sentir mas librero y anima a Pepe que por entonces estaba
en las oficinas de Construcciones Militares, después de haber sido
aprendiz de pintor de brocha gorda, a que se venga a trabajar con el
a la ilusionada razón de los libros. Relieve va a ser su casi todo hasta
1980. Como esta fichado, a la clandestinidad activa no debe de
volver. Relieve puede ser vigilada, pero alli no se guisa apenas nada
políticamente delictivo, aunque sea horno y horma de mayores cocimientos. 
El se cuida del guiso y mete en su santo puchero, a curas
de sotana. a medicos liberales, a filósofos solitarios, a adictos y confesos 
del Nuevo Orden, a profesores no convictos, a otros que eran
viciosos del leer y a varios reos de lesa poesia, con un montón de
estudiantes que hacen novillos por leer un Baroja, un Guillén de
brillo terso o un Contrapunto y un Rojo y Negro, para los que hay
  También entran en la olla algún anarquista encubierto y
vegetariano ademas de solidario y varios confesos por condenados,
ojeadores de libros, amén de pintores que hablan en voz baja de
cuanto significa Picasso. Vallejo sigue siendo un rum rum 
que suena junto a Miguel. Tampoco faltan bibliófilos, 
aprendices de siquiatra, de bufete y de la Renfe